viernes, 30 de mayo de 2014

Fuente: Diario Clarín, Grandes hechos - Siglo XX / Informe Clarín 24 de marzo de 1976

Anunciaron la decisión castrense a la Presidente
Fuente: Diario Clarín, Grandes hechos - Siglo XX / Informe Clarín 24 de marzo de 1976
Los comandantes generales informaron ayer al ministro de Defensa, José Deheza, la decisión de las Fuerzas Armadas, de hacerse cargo del gobierno, según fuentes fidedignas. El ministro se dirigió luego a la Casa de Gobierno.
Los tres comandantes generales se reunieron ayer, desde las 11 hasta las 12, con el titular del Ministerio de Defensa, José Alberto Deheza, en medio de un cúmulo de versiones que conmovían a todos los círculos políticos.
Al finalizar dichas deliberaciones, un portavoz indicó que “durante la reunión se dispusieron medidas a adoptarse ante la escalada terrorista de los últimos días”.
Sin embargo, poco antes de las 19, trascendió que una nueva y decisiva reunión se realizaría entre los comandantes generales y el titular de Defensa, en la sede de esa cartera.
Dichas conversaciones se prolongaron hasta las 22.20 y durante las mismas –según fuentes fidedignas- los comandantes generales habrían expuesto a Deheza la decisión irreversible de las Fuerzas Armadas de hacerse cargo del gobierno.
Inmediatamente después de esta reunión el ministro se dirigió a la Casa de Gobierno, donde ingresó al despacho presidencial y mantuvo una prolongada deliberación con la señora de Perón, con quien se encontraban desde las 19 los ministros de Trabajo, Miguel Unamuno; de Bienestar Social, Aníbal Demarco; de Justicia, Pedro Augusto Saffores; el gobernador del Chaco, y el vicepresidente 1º del Consejo Nacional justicialista, Deolindo Felipe Bittel; Lorenzo Miguel, titular de las 62 Organizaciones, Néstor Carrasco, vicepresidente 2º del justicialismo, y el gobernador de Santiago del Estero, Carlos Juárez.
A las 0.30 terminó la prolongada reunión y se retiraron sus participantes.
“Todo anda bien”, manifestó Deolindo Bittel a los periodistas.
Por su parte, Lorenzo Miguel expresó que “vamos a seguir conversando mañana, todo anda bien. No hay golpe ni ultimátum, volveremos a reunirnos mañana”.
A las 0.45 la Presidente partió en helicóptero hacia la residencia de Olivos.
Sobre la 1 de la madrugada de hoy, miércoles, una caravana de automóviles que se dirigía a la residencia presidencial de Olivos quedó detenida una cuadra antes, por la avenida Maipú.
El helicóptero en el que se suponía que había partido la señora María Estela Martínez de Perón desde la Casa de Gobierno no llegó a la Residencia.
A la 1.09 se dijo que el aparato se hallaba en la plataforma militar del Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery, pero no pudo establecerse si la Presidente había viajado en él.
A esas horas no podía verificarse en qué sitio se hallaba la señora de Perón.
Orden
La imposibilidad de obtener información se acentuó a la 1.10, cuando los reporteros que cubren su función habitualmente en la Casa de Gobierno fueron notificados por un oficial de la Aeronáutica que debían abstenerse de transmitir ninguna noticia más a sus respectivos medios hasta que se conociera la proclama militar.
El oficial, cuyo nombre no fue conocido, no agregó otros detalles ni indicó en qué momento se publicaría esa proclama.
Fuerzas militares ingresaban a esas horas en la Casa de Gobierno.
Miguel
Pasada la medianoche, Lorenzo Miguel dijo a la prensa, en Casa de Gobierno, que había finalizado la prolongada reunión de la Presidente con ministros, legisladores y dirigentes sindicales, y anunció entonces que la señora de Perón convocaría para hoy, por la mañana, al gabinete nacional, ante el cual, posiblemente, el ministro de Defensa diese un informe.
Miguel añadió: “El gobierno no ha recibido ningún ultimátum, y las organizaciones obreras tratarán inmediatamente la situación”.
Negó que hubiera ningún tipo de negociaciones, pero admitió como ciertas las noticias de detención de dirigentes gremiales.
Miguel dijo que el estado de ánimo de la señora de Perón era “maravilloso y extraordinario”.
A esas horas –la 0.30- un informe oficial de la Secretaría de Prensa y Difusión dio cuenta de varias reuniones que la jefa del Estado había celebrado en su oficina de la Casa de Gobierno. El parte dijo que había recibido información sobre la situación institucional.
Fuente: www.elhistoriador.com.ar

La renuncia de Héctor Cámpora - 13 de julio de 1973

La renuncia de Héctor Cámpora - 13 de julio de 1973
El 13 de julio de 1973 el presidente Héctor Cámpora renunció a la presidencia del país en una maniobra que tenía como objetivo que el general Juan Domingo Perón ocupara por tercera vez la primera magistratura. Pocos meses después, la fórmula Perón-Perón -que integraba junto a su mujer, María Estela Martínez- triunfaba en elecciones presidenciales. Reproducimos a continuación un artículo aparecido en la revista Así, a menos de una semana de la renuncia de Cámpora, donde se relatan los hechos de manera pormenorizada, con las implicancias y los interrogantes del momento.
Perón al poder y al gobierno
Fuente: Revista Así, Año XIX, N° 893, 17 de julio de 1973.
A partir de las 20.23 del viernes 13 de julio, el país tiene un nuevo presidente: a esa hora, y ante la asamblea legislativa que terminaba de aceptar las renuncias presentadas por los doctores Héctor José Cámpora y Vicente Solano Lima, tomó juramento constitucional el doctor Raúl Alberto Lastiri, yerno de López Rega. A las 21.40 habló el presidente Lastiri, quien prometió una rápida convocatoria a elecciones sin ningún tipo de limitaciones, para presidente y vicepresidente de la nación. Unos minutos después, a las 22, lo hizo Juan Domingo Perón, quien elogió la conducta de Cámpora y Solano Lima. Luego, Perón historió el proceso que desembocó en su renunciamiento a la candidatura presidencial, indicando que Cámpora le había hecho saber en el mismo momento de aceptar su candidatura, que se limitaría a servir de tránsito a la concreción de la verdadera voluntad popular. En su alocución, sin hacer referencia concreta, Perón pareció aceptar su postulación a la presidencia, al sostener que "si dios le da salud, dedicará los últimos años de su vida a servir a la patria". Al mismo tiempo, un rumor, que nadie sabe de dónde salió, encendió la polémica en todos los cuadros políticos de la república: Ricardo Balbín sería el compañero de fórmula de Juan Perón. Según algunos trascendidos, el proceso de recambio del poder ejecutivo para poner a su frente a Perón estaba ya planificado desde varios meses atrás. La mayor parte de los gobernadores, dirigentes peronistas y gremialistas provinciales expresaron su adhesión al proceso iniciado el 13 de julio. La CGT fue, sin duda, la que intentó de modo más desembozado sacar partido de la situación, adelantándose a los acontecimientos para aparecer "presionando" a Cámpora y desencadenando el proceso. Los directivos de la central obrera propusieron la movilización, pero la misma no produjo mayor efecto. La unión obrera metalúrgica apareció como cabeza visible de la acción y llevó cinco micros cargados de empleados hasta la casa de Perón. Pero su capacidad de movilización propia fue nula, lo mismo que la adhesión espontánea popular. Ya con la comprobación de ese fracaso, Rucci debió girar 180 grados y proclamar orden y tranquilidad, desmintiendo toda posibilidad de huelga poco después de convocar a los trabajadores para confluir a Vicente López.
El jueves 12, el periodismo oral y escrito informaba sobre declaraciones emitidas en Corrientes, pocas horas antes por el vice gobernador de la provincia de Buenos Aires: "Estando el general Perón en la Argentina -había enfatizado Victorio Calabró- no puede ser presidente de la República nadie más que él. No puede ser solo poder; debe ser, a corto plazo, ya, gobierno y poder".
A partir de ese instante un alud de hipótesis y rumores conmueve al país. A las 13.30 de ese día, José Rucci, secretario de la Confederación General del Trabajo, ayudaría a reforzar la impresión de que algo anormal estaba pasando en las esferas relacionadas con el gobierno popular. Ese día las palabras de Rucci, en la mesa que la CGT tendió a legisladores y sindicalistas, fueron: "Perón será lo que el pueblo quiere: presidente".
Por la misma hora, fue posible observar en las inmediaciones del Congreso síntomas elocuentes de que algo más que trascendental estaba por ocurrir. Exactamente a las 13.25, legisladores del sector juvenil del bloque justicialista, abandonaban el palacio para reunirse en un local alquilado para realizar reuniones de carácter reservado. No fue posible en esas primeras horas, obtener información sobre lo que planean tratar los numerosos diputados, pero era evidente ya la existencia de cierto clima de expectación e inquietud, por las tensas horas que se vivían.
Alrededor de las 14.30, un legislador que asiste a la comida realizada en el local de la CGT, admite la renuncia del gabinete que acompaña al doctor Cámpora. A la misma hora, numerosos micros con trabajadores metalúrgicos comienzan a llegar a las inmediaciones de la finca de Gaspar Campos, domicilio del general Perón. Abordados por la prensa, manifiestan que han llegado a ese lugar para expresar al general Perón su total adhesión.
Minutos antes de las 16 una noticia se apoderó del Congreso y llenó de ansiedad a los legisladores y periodistas. Se anuncia la inminente renuncia del doctor Cámpora y del vicepresidente de la Nación, doctor Vicente Solano Lima.
A esa altura de los acontecimientos se confirmó, también, el pedido de licencia del vicepresidente 1° del Senado, Alejandro Díaz Bialet. Poco después se adelantaba a la prensa que a las 19 horas había volado hacia Brasil como primera etapa de un viaje que se prolongaría por Europa.
Las conjeturas que esta noticia despertó en el seno del Congreso se prolongaron hasta bien entrada la noche de ese día. A todo esto el nombre de Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados, comienza a sonar como posible presidente argentino, hasta tanto se llame nuevamente a elecciones que permitan ubicar en ese cargo al teniente general Perón.
Mientras tanto, la jornada en la residencia de Gaspar Campos ofrecía igualmente un ritmo que se iba incrementando a medida que avanzaba la tarde.
Al promediar la mañana, exactamente a las 10.30 hs., el presidente Cámpora llega a la finca portando el decreto que le restituye a Juan Domingo Perón el grado y honores en el Ejército argentino. A las 11, cuando se retira de la residencia el doctor Cámpora, informa a los periodistas que el decreto contempla el paso automático a retiro del teniente general.
Los hechos más importantes, sin embargo, se aceleran a partir de las 16.30 horas, en que llega a la casa de Perón el mismo presidente de la Cámara de Diputados. La cronología exacta de los hechos que se suceden desde esa hora, es la siguiente:
17.30: Ingresan en la residencia de Gaspar Campos el ministro de Trabajo, Ricardo Otero y el secretario de la Unión Obrera Metalúrgica, Lorenzo Miguel.
17.43: Arriba el presidente doctor Héctor Cámpora.
17.45: José Rucci e integrantes de la mesa de las 62 Organizaciones y del consejo directivo de la central obrera penetran en la casa.
17.55: Arriba el ministro de Hacienda y Finanzas, José Gelbard.
18.30: Ingresa a la finca el ministro del Interior doctor Esteban Righi. No hace ningún tipo de declaraciones a la prensa.
18.45: Algunos automóviles y una columna de ómnibus comienzan a desfilar ante la casa del teniente general Perón, que se asoma en dos oportunidades a la puerta y saluda a los manifestantes. En la primera oportunidad, el general Perón es precedido en su aparición por el ministro de Bienestar Social, José López Rega. En la segunda, lo acompaña su esposa, Isabel Martínez. Minutos más tarde más de quinientas personas pertenecientes a la localidad de Llavallol se concentran en la esquina de Melo y Gaspar Campos, en el lugar exacto donde estaban estacionados algunos ómnibus alquilados por la Unión Obrera Metalúrgica.
18.50: Ingresa a la casa de Perón el ministro de Defensa, doctor Ángel Federico Robledo.
19:00: Arriba el doctor Vicente Solano Lima.
19.10: El secretario general de la CGT, José Rucci, hace conocer por intermedio de un periodista de Canal 11 un comunicado.
19.30: José Taccone, presidente del directorio de SEGBA, acompañado por el titular de la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza, señor Félix Pérez, ingresa en la finca de Gaspar Campos por la entrada que da sobre la calle Madero.
20.00: Se conoce que también se encuentra en la casa de Perón el canciller Juan Carlos Puig.
20.50: Se retira de la residencia del teniente general Perón, José Rucci. Formula declaraciones a la prensa. Ratifica los términos de su anterior comunicado y reitera que no se dispuso ningún paro.
21.00: Se retira de la finca el presidente de la Nación, doctor Héctor José Cámpora, sin formular declaraciones.
Gremios del interior
Mientras esto ocurría en la Capital, el primer síntoma de la repercusión de los acontecimientos institucionales se advertía en Córdoba, en el ámbito gremial, al reasumir el vicegobernador de la provincia Atilio Hipólito López el cargo de secretario general de la CGT.
El dirigente peronista informó que reasumiría el cargo "para defender a Perón y al gobierno popular".
A todo esto, momentos antes grupos sindicales opuestos al vicegobernador hablan copado el local de la CGT de la Avenida Vélez Sársfield 137.
Con el correr de las horas, mientras se desencadenaban los sucesos, las distintas regionales obreras del país se fueron pronunciando en favor de la instalación de Perón en la presidencia de la Nación. En Córdoba se atrasaba el manifiesto, pues hasta la medianoche del jueves continuaba debatiendo el plenario de gremios confederados.
Agustín Tosco que había convocado a una conferencia de prensa para contestar acusaciones de José Rucci imprevistamente salió de viaje, a la vez que recibía una comunicación del secretariado de la Federación de Luz y Fuerza prohibiéndole emitir opiniones o fijar posiciones sobre el movimiento obrero al margen de los cuerpos orgánicos.
En Mar del Plata se suscitó una verdadera convulsión en los sectores gremiales. La Delegación regional al término de una sesión dispuso un paro total de actividades a partir de la hora 0 del viernes 13, (que no se cumplió), con el fin de movilizar a las bases para que se trasladaran a la residencia de Perón y la pidieran "se haga cargo de la presidencia de la República”. En Mendoza la CGT Regional deliberó dentro de un clima festivo. Los dirigentes gremiales interpretaban el proceso como una "peronización definitiva" del Movimiento Justicialista "para despojarlo de la peligrosa infiltración marxista". Incluso se quiso movilizar a los trabajadores para "copar la Casa de Gobierno y expulsar de ella a los bolches".
En Rosario dentro de un clima de gran tranquilidad deliberó la delegación regional para reiterar el pleno apoyo del sector a la consigna "Perón Presidente". También con el apoyo del plenario de Unidades Básicas Justicialista se resolvió apoyar "incondicionalmente lo que resuelva la CGT nacional".
En Tucumán la CGT local se mantuvo en sesión permanente y en contacto con la central obrera destacando a los dirigentes que "el general Perón es el único que puede poner término a todos los problemas nacionales para bien del pueblo". Por ello la noticia del acceso de Perón al poder efectivo" fue saludada con alborozo ya que fue considerada por los dirigentes obreros de "trascendente". Durante el viernes el consejo directivo de la CGT que se declaró en sesión permanente dio una declaración exhortando a "trabajar normalmente y no efectuar concentraciones pues se debe evitar todo tipo de provocación o perturbaciones".
Viernes 13: la crisis continua
El viernes 13, la Casa de Gobierno se constituyó en uno de los escenarios más importantes por el que pasaba la crisis que se estaba registrando al nivel oficial. Desde muy temprano una tensa actividad vivióse en el ámbito del vetusto edificio de la calle Balcarce. Durante la madrugada fueron colocados numerosos altoparlantes en balcones y lugares apropiados de la casa destinados a transmitir el mensaje del presidente Cámpora, en donde anunciaría su decisión de renunciar a la primera magistratura de la Nación
A las 8.50 arribó a la Casa de Gobierno el doctor Héctor Cámpora. Inmediatamente, sin embargo, partió nuevamente con rumbo desconocido. Algunos observadores lo daban en la casa de la calle Gaspar Campos. A las nueve y treinta regresó a la Casa Rosada, acompañado esta vez por el vicepresidente Vicente Solano Lima. Media hora después, los doctores Cámpora y Solano Lima, recibieron en el Salón Blanco de la presidencia a legisladores nacionales de ambas cámaras. Sentados frente a la histórica mesa de Rivadavia, colocada al pie del busto de la república, los dos mandatarios saludaron a los presentes, comenzando posteriormente el doctor Cámpora a comunicar y explicar aspectos relacionados con su renuncia.
Minutos después de las 13, el doctor Cámpora, acompañado por el vicepresidente de la Nación, doctor Solano Lima, se trasladó hasta el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, desde donde iniciaría la lectura del mensaje que fundamenta su decisión de alejarse de la primera magistratura de la Nación.
Se encontraban en el recinto los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, ministros y numerosas personalidades. El presidente Cámpora habló por espacio de seis minutos.
Se lo notó embargado por una profunda emoción.
"Yo no sé si la emoción, la honda emoción que me embarga me permitirá la lectura de este mensaje al pueblo argentino. Porque está próximo un acontecimiento a cuyo servicio he puesto la conducta y la lealtad incuestionable de toda mi vida: el reencuentro del general Perón con su pueblo en el ejercicio pleno, real y formal, de su indiscutida conducción" con estas palabras abría su discurso el doctor Cámpora, cerrando un periodo de lealtad hacia su movimiento y el pueblo, casi sin parangón en la historia política argentina.
Mientras esto transcurría en la Casa de Gobierno, la actividad que se desplegaba alrededor de la finca de Gaspar Campos no resultaba menos llamativa. Desde las 8.30, en que arriba el médico personal de Perón, doctor Cossio, se van sucediendo las visitas, de un modo casi ininterrumpido. ASI registró las siguientes secuencias:
8.50: Llegan juntos el presidente de la Nación doctor Cámpora y el vicepresidente, doctor Solano Lima. Inmediatamente penetran en la residencia sin hacer ningún tipo de comentarios.
9.10: Se retiran Cámpora y Solano Lima. Interrogados por la prensa, el presidente de la Nación señala: acabamos de presentar nuestras renuncias al Honorable Congreso, para su tratamiento constitucional. Nada tengo que agregar.
9.10: Arriba el ministro de Cultura y Educación, doctor Jorge Taiana. No formula declaraciones.
10.50: Ingresa a la finca de Gaspar Campos el ministro de Trabajo. Comenta: "Vengo a saludar a Perón". Luego agrega: "El gesto de Cámpora y Solano Lima es patriótico y honra al movimiento".
10.30: Salen juntos los doctores Taiana y Cossio. El primero se niega a hacer declaraciones. El doctor Cossio confiesa que "el teniente general Perón se halla perfectamente bien de salud".
Las últimas escaramuzas
Mientras esto ocurría en la casa de Perón el círculo se iba cerrando en las dependencias de la Casa de Gobierno. El protagonista principal de la jornada, doctor Cámpora, concedía su última entrevista como presidente de la República al arzobispo de la ciudad de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Antonio Caggiano: al titular de la Corte Suprema de Justicia, doctor Miguel Ángel Bercaitz, y al embajador de Corea. Seguidamente el doctor Cámpora dirigió un discurso a los gobernadores. El texto de la nota es el siguiente:
"Señor gobernador: Siempre he tenido claros y limpios mi conciencia y pensamiento y el anhelo profundo y enraizado en el alma del pueblo argentino. No era ni es otro que el de restituir al general Perón el mandato popular que años atrás le fuera otorgado. Por ese exclusivo motivo he presentado al Honorable Congreso mi renuncia irrevocable, conducta igual que ha asumido el vicepresidente de la Nación, doctor Solano Lima. Los dos, como simples ciudadanos, sumaremos nuestros votos para que el general Perón presida los destinos de esta Argentina, que desde el 25 de mayo camina en la senda de la reconstrucción nacional".
Finalmente, alrededor de las 14 horas, todo había concluido. El doctor Cámpora se trasladó nuevamente a las dependencias interiores de la Presidencia, donde se despidió de sus ministros y colaboradores que lo acompañaron durante su breve gestión al frente del gobierno. Posteriormente ingresó a la sala de periodistas de la Presidencia, donde procedió a saludar a los cronistas de guardia.
A las 14, cuando abandonó la sede del gobierno nacional, una numerosa multitud apostada en los alrededores, lo despidió con una cariñosa ovación. Cámpora, al salir, era la imagen tranquila del hombre que no había traicionado a nadie.
El mismo general Perón, en su discurso de ese día, emitido a todo el país a partir de las 22 horas, afirmaría del presidente saliente: "Ha dado al país el ejemplo más preclaro y más honroso que un ciudadano puede dar a su país, desde que si los cargos ensalzan al ciudadano, éstos también con su grandeza ennoblecen los cargos".
El discurso del líder justicialista, sin embargo, apuntaba a reforzar los deseos de todo un pueblo, dispuesto a ungirlo presidente constitucional. Frente a esa expectativa, el general Perón afirmó: "Si Dios me da salud, si Dios me lo permite, he de gastar hasta el último esfuerzo de mi vida para cumplir la misión que pueda corresponderme". El jefe justicialista se refería metafóricamente a su futuro nombramiento de presidente de la nación más austral de América.
El 17 de noviembre, grandes sectores populares rompieron el cerco policial montado alrededor de la casa de Perón en Vicente López y desfilaron ante su jefe. Hoy nadie discute el carácter eminentemente espontáneo de aquella movilización, a cuya cabeza estuvo la Juventud Peronista. Menos de un año después, el viernes 13 de julio, la CGT y la Unión Obrera Metalúrgica intentaron repetir la jornada con un tristísimo resultado: dejando a las claras su inexistente poder de convocatoria. Autorizados por la policía, que cumple funciones de protección en la calle Gaspar Campos, cinco colectivos pasaron frente a la casa del líder en tres oportunidades, vivando su candidatura. Se observó que en una de las pasadas, López Rega sacó a Perón a la puerta de la casa para que el líder recibiera en forma más directa el calor popular y comprobara, con sus ojos, la magnitud de la movilización. Lo que pensó en ese momento el ex presidente lo sabe solamente su corazón. Pero todos vimos cuál fue su actitud, su respuesta al centenar de empleados sindicales que ocupaban los micros en frustrado intento de suplir a un pueblo: un saludo y otra vez adentro, a cubrirse del frío y la llovizna.
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Tal vez quien mejor se manejó a lo largo de esta circunstancia haya sido el ex presidente Cámpora. La crisis lo elevó a categoría de nuevo líder dentro de las filas justicialistas. Un diario de la mañana, el día sábado 14, definía de este modo al ex presidente: "Para quien logra proyectarse hacia las alturas del mando, no es tarea fácil restituirse al anonimato. Nuestra historia abunda en infortunadas dimisiones y solo exalta unos pocos renunciamientos. Quien lo logra con la serenidad de Cámpora, se gana el respeto de su pueblo".
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Cuando algunos legisladores comentaban sobre los hechos que se desencadenaron, después del mediodía del jueves, era visible que no estaban bastante informados sobre la reserva que había mantenido el líder radical, Ricardo Balbín. Uno solo de ellos observó que el hermano de Balbín estaba en el secreto. Recordó que en la comida aniversario de Canal 9, se refirió a Perón y a Balbín, como líderes del pueblo argentino. Presente en el banquete, parece ser que José López Rega aplaudió, de píe, hasta rabiar.
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Fue evidente que el secretario general de la Confederación General del Trabajo, José Rucci, trató de capitalizar en su provecho las acciones que estaban en juego durante los acontecimientos que se sucedieron a partir del jueves. Ni lerdo ni perezoso, después debió dar marcha atrás y ordenar todo lo contrario a lo que en principio había anunciado respecto a las movilizaciones populares. Alguien muy vinculado al Movimiento Justicialista remarcó: "Vamos a ver de qué modo Rucci va a pagar esta equivocación política".
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No faltaron dentro de la juventud peronista quienes afirmaran la existencia de grupos de derecha y de la CIA, encabezando todo este proceso político por que atravesó el país. Las mayores críticas se centran alrededor de López Rega y José Rucci. Osinde tampoco se salva de las críticas de los sectores juveniles. "Son los grupos que especulan con la salud de Perón para trepar al poder", afirmó uno de ellos.
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Los ministros Righi y Puig fueron los únicos destruidos por este proceso político, que concluyó el viernes con el juramento del nuevo presidente Lastiri. "¿Será un síntoma de que efectivamente la derecha ha tomado de nuevo el poder?", se interrogaba azorado un militante de la juventud peronista.
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Igualmente, era visible sobre el mediodía del jueves, la desconfianza de algunos sectores del peronismo sobre la buena disposición de las Fuerzas Armadas para acompañar el proceso. En las adyacencias a la sede de avenida La Plata, alguien acotó:"Nos torturaron durante dieciocho años. Nos proscribieron y asesinaron a nuestros mejores militantes y ahora quieren participar del proceso. Hasta que un día, como ocurrió en el 55, salen a la calle y tiran todo por la borda". Las palabras del joven fueron inmediatamente muy bien interpretadas.
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En la misma ronda de simpatizantes peronistas no faltó otro que manifestara sus puntos de vista sobre el Ejército. "Representan los intereses de una clase social, que es la clase explotadora. Nunca defendieron los intereses del pueblo; por lo tanto, si ahora están dispuestos a apoyar, será porque les conviene".
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Las organizaciones Montoneros y Fuerzas Armadas Revolucionarias dieron a conocer un comunicado, mediante el cual fijan sus posiciones respecto a los hechos políticos que vivió el país en los últimos días. Señalan que el ejercicio del gobierno por parte del doctor Cámpora era, efectivamente, el medio que el Movimiento Peronista empleó para permitir el acceso al poder. "Pero el acceso del general Perón a la presidencia, en estas circunstancias, se da con el objetivo de poner freno a una conspiración gorila, impulsada por el imperialismo a través de un puñado de traidores del Movimiento Peronista".
Añade la nota que "estos conspiradores, agentes del imperialismo, son el ministro de Bienestar Social, José López Rega, que fue el responsable de los actos del 20 de junio, y el secretario general de la CGT, José Rucci, quien puso sus matones intentando movilizar al pueblo contra el gobierno del doctor Cámpora, logrando solo que tres ómnibus pasaran frente a la residencia de Perón". El comunicado acusa igualmente a Osinde, Iñiguez, Brito Lima, Norma Kennedy y Frenkel.
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¿Quién será el compañero de fórmula de Juan Perón? Esta es la incógnita que mantiene la expectativa de la opinión pública, y seguirá manteniéndola mientras subsista. Los radicales analizan la posibilidad de que sea Balbín, haciéndose eco de una propuesta que surgió como rumor y al que, como tal, se le desconoce el origen.
Para el caso de que el compañero deba surgir de las filas peronistas la incógnita se viste con perfiles de mayor confusión. ¿Será Cámpora?
¿Será Licastro? ¿Será Bidegain? Recién en la noche del domingo 15 salió a la "competencia" un nombre concreto: el del actual ministro de Bienestar Social, José López Rega, propuesto por los residentes peronistas de Asunción, Paraguay. En el curso de este proceso, hasta su terminación, seguramente que nuevos nombres serán lanzados a la vidriera de la opinión pública. El de López Rega es el primero. Resta saber si será el último y definitivo...

http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/vuelta_de_peron/la_renuncia_de_hector_campora.php

La masacre de Ezeiza

La masacre de Ezeiza
Autor: Adaptación del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005.
El 25 de mayo de 1973, asumía la presidencia del país el médico odontólogo Héctor J. Cámpora, quien había ganado como candidato del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) las primeras elecciones sin proscripciones desde 1955. Un mes más tarde, el 20 de junio de 1973, Perón retornaba a la Argentina desde Madrid tras 18 años de exilio. En los bosques de Ezeiza se había preparado un palco y unas dos millones de personas aguardaban la llegada del líder. El lugar estaba custodiado por el coronel retirado Jorge Manuel Osinde quien tenía la orden de impedir el acercamiento de la izquierda peronista. Cuando las columnas de la FAR y Montoneros intentaron ingresar, fueron sorpresivamente atacadas a tiros desde el palco por los hombres de Osinde. Hubo 13 muertos y 365 heridos. Del libro Lo pasado pensado, hemos seleccionado algunos extractos de los protagonistas de la jornada que fueron entrevistados por Felipe Pigna.
Horacio Verbitsky: Un hecho que a mi juicio resulta fundamental para todo lo que vino después fue el enfrentamiento que se produjo en Ezeiza un mes después de que Cámpora asumiera la presidencia. Hay para el regreso de Perón una concentración en Ezeiza, en donde todo el aparato sindical y político antiguo del peronismo armó una emboscada. Se montó un verdadero arsenal de armas en el palco y, cuando se acercaban las columnas de Montoneros y de la juventud peronista, fueron baleados desde el palco. Eso distorsionó el sistema político, el equilibrio interno de fuerzas dentro del peronismo y se produjo un fenómeno incontrolable para todas las partes involucradas.
Martín Caparrós: Los montoneros ese día pecaron por ingenuos. Pensaron que con esa movilización de cientos de miles de personas alcanzaba, y la derecha los esperaba con unos cientos de ametralladoras y la logística militar bastante mejor establecida, y los corrieron a balazos. Al día siguiente, Perón los condenó como autores de ese enfrentamiento, cosa que no fueron. De los montoneros, algunos pocos iban armados, pero infinitamente menos que la derecha. Me parece que a partir de ese día todo empezó a degradarse; por un lado había como una justificación clara para aquellos que decían que las armas eran más útiles. Los sectores más militaristas, más fierreros, como se decía de los Montoneros, tuvieron un argumento muy difícil de contrarrestar. Y creo que ahí, el día del supuesto apogeo, todo empezó a degradarse.
Eduardo Duhalde: De ese día tengo memoria muy fragmentaria. Había corridas, había que ayudar porque había mucha gente que estaba lastimada, herida y nos metimos en unas ambulancias que habíamos llevado nosotros de la municipalidad. Nadie sabía bien cómo había sucedido. Después nos fuimos enterando.
Mario Firmenich: Nos fuimos realmente de Ezeiza sin saber qué había pasado, porque todo ocurrió atrás del palco. Lo que recuerdo de aquel acto es la desazón más increíble del acto más grande que haya visto en la Argentina y fuera de la Argentina, sin orador, sin nada. Una multitud de gente. Millones, muchísima gente, hasta el horizonte de gente. Y la gente se fue con una tristeza y una desazón que no olvidaré jamás.
Miguel Bonasso: No hubo una confrontación en Ezeiza, como ha dicho toda la prensa canalla de la República Argentina. Nuestra gente fue desarmada. No hubo confrontación, hubo asesinato, hubo masacre.
¿Qué querían mostrarle a Perón?
Mario Firmenich: Nuestra decisión política era mostrarle a Perón un poderío de masas, de opinión pública, para decirle: “Vea, General, el proceso va por acá. No va por la vieja burocracia sindical. El proceso político argentino, éste que lo ha traído a usted, viene por esta base de masas, que es esta juventud que opina esto, que se organiza de esta forma y que tiene esta bandera”. Y por eso llevamos enormes banderas de 50 metros de largo que decían Montoneros. Era un hecho histórico y nosotros teníamos la voluntad política de dejar constancia de que había una dirección transformadora del proceso que estaban marcando las nuevas generaciones. Por eso movilizamos a toda la gente que pudimos del interior y de Buenos Aires. Hicimos el máximo esfuerzo de movilización con banderas claras. No había consignas. Simplemente la presencia. Yo creo que esto también sorprendió a los organizadores del acto. A veces pienso que la masacre no estaba premeditada. A lo mejor, así como para nosotros era absurdo pensar que hubiera una banda de mercenarios enquistada en el palco dispuesta a tirar, también para ellos habrá sido absurdo pensar que estos jovencitos pudieran copar el acto más grande de la historia argentina. Lo copamos. El acto más grande de la historia argentina fue un acto, no digo montonero, un acto peronista dominado políticamente por al expresión de los montoneros.
Usted habla de triunfo pero Perón en su discurso fue muy duro con ustedes.
Mario Firmenich: Sí, fue muy claro. Nos echó la culpa. Perón abandonó el discurso del Socialismo Nacional. Concretamente, separó en silabas la palabra justicialista: “Somos jus-ti-cia-lis-tas. Y los viejos peronistas saben lo que estoy diciendo”. Ahí marcó un cambio de rumbo. Eso está muy claro.
Autor: Adaptación para El Historiador del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005.



Cámpora al gobierno, Perón al poder

Cámpora al gobierno, Perón al poder
Autor: Felipe Pigna
El 11 de marzo de 1973, después de casi 18 años de proscripciones, el pueblo argentino pudo finalmente expresarse libremente en las urnas poniendo fin a una dictadura a la que únicamente puede calificarse de dictablanda en comparación con los horrores vividos a partir de 1976. Pero a la autodenominada “Revolución Argentina”, inaugurada a la fuerza aquel 28 de junio de 1966 por el general Onganía y apoyada los principales grupos de poder y recordados y vigentes comunicadores sociales, no le faltaron las desapariciones, los bastones largos, la censura, las torturas, los fusilamientos (como los de Trelew) y los planes económicos que hacían el beneplácito de los “organismos internacionales” y determinaban el deterioro de las condiciones de vida de la  mayoría de los argentinos.
El sueño eterno de Onganía comenzó a hacerse pedazos a partir del Cordobazo, cuando el Ejército, a través de  su jefe, el general Alejandro Agustín Lanusse, comenzó a presionar al general-presidente para que compartiera las decisiones políticas con las Fuerzas Armadas y tomara conciencia de la gravedad de la situación nacional: en ella, ya no cabía su proyecto de dictadura autoritaria y paternalista sin plazos según el modelo del “Caudillo de España por la gracia de Dios” Francisco Franco. El secuestro y asesinato del general Aramburu, llevado a cabo por los Montoneros, y la incapacidad del gobierno para esclarecer el hecho fueron el detonante para un nuevo golpe interno. El desprestigio involucró al Ejército y el general Lanusse optó por permanecer en segundo plano y preservar su figura designando como presidente, en junio de 1970, a Roberto Marcelo Levingston, un general que había estado del lado de los azules, había sido jefe de Inteligencia del Estado Mayor Conjunto, era delegado argentino ante la Junta Interamericana de Defensa y cumplía funciones como agregado militar en Washington.
Contra todos los pronósticos, Levingston pretendió constituir un movimiento político propio y tomar distancia del general Lanusse. Durante su breve presidencia se incrementaron las protestas populares y la actividad guerrillera. Perón, desde Madrid, alentaba a los grupos insurgentes y hablaba del socialismo nacional como la solución para los problemas argentinos, mientras que, para frenar los intentos políticos de Levingston tendientes a trabar todo proyecto democratizador, alcanzó un acuerdo con las principales fuerzas políticas, entre ellas el radicalismo, conocido como “La Hora del Pueblo”. Los firmantes se comprometían a luchar por un proceso electoral limpio y sin proscripciones.
En febrero de 1971, el gobernador de Córdoba, Camilo Uriburu, declaró que aspiraba a terminar con la oposición estudiantil y gremial que había llevado a delante el Cordobazo a la que comparó con una víbora venenosa. Uriburu le “pedía a Dios que le depare el honor histórico de cortar de un solo tajo la cabeza de esa víbora”. A los pocos días, el país se sacudió con un segundo Cordobazo, llamado por sus protagonistas “Viborazo”. El Viborazo puso fin a la breve gestión de Levingston y a su delirio de crear un movimiento político sin tener en cuenta la opinión del pueblo.
El 26 de marzo de 1971, Lanusse asumió la presidencia en un clima político totalmente desfavorable. La violencia guerrillera crecía, el descontento popular también, se sucedían las puebladas, Perón sumaba día a día más adeptos, y la continuidad del gobierno militar se tornaba insostenible. Lanusse, muy a su pesar, evaluó  que el principio de solución a los múltiples conflictos pasaba por terminar con la proscripción del peronismo y decretar una apertura política que permitiera una transición hacia la democracia. En este contexto propuso un Gran Acuerdo Nacional (GAN) entre los argentinos y anunció la convocatoria a elecciones nacionales sin proscripciones para 1973 pero instalando el sistema de ballotage, soñando con la unión de todo el antiperonismo en una segunda vuelta, e incluyó una provocadora cláusula que obligaba a Perón a fijar domicilio en Argentina antes del 25 de agosto de 1972.
El viejo líder movió sus piezas en aquella partida y evaluó que no le daría el gusto a Lanusse y su dictadura decadente, pero además creyó que no era conveniente que fuera él quien gobernara en el conflictivo período de transición y decidió designar a su delegado personal y ex presidente de la Cámara de Diputados durante el primer peronismo, Héctor J. Cámpora, como candidato a presidente, quien tendría una misión vicaria hasta que el balcón de la Rosada pudiera ser recuperado por el inquilino que más uso supo darle. El slogan sería “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.
Aquel 11 de marzo de 1973 triunfó el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), con la fórmula Héctor J. Cámpora-Vicente Solano Lima, que obtuvo más de 6 millones de votos (49%) mientras la fórmula radical encabezada por Balbín llegaba a los 2 millones seiscientos mil (21%). El Comité Central de la UCR entendió innecesaria una segunda vuelta. En medio de enormes festejos populares en la que el sector más dinámico y más recientemente incorporado al movimiento, la Juventud Peronista, tuvo un innegable protagonismo, el presidente electo intentaba desde las oficinas del P.J. de Oro y Santa Fe comunicarse telefónicamente a Madrid con Perón: –Hola señora Isabel. Estamos aquí reunidos con todos los periodistas argentinos y extranjeros. Nos acompañan los compañeros de la CGT, el compañero Rucci, el compañero Coria de las 62 organizaciones, el compañero Lorenzo Miguel de la UOM y todo el Consejo Superior. Y mucha gente que se ha llegado a comprobar una vez más la solidaridad del pueblo argentino que tiene para con el general y para con usted. Y ya es un hecho cierto que el general Perón y usted tienen su residencia en la República Argentina. 
– Muchas gracias doctor, estamos muy contentos. Yo se lo voy a transmitir al general.
–Si fuera posible, señora, que yo le pudiera decir unas palabras al general se lo agradecería mucho.
–A ver un momentito, doctor.
–Gracias, señora.
Pero el momentito se fue transformando en eterno hasta que finalmente del otro lado del teléfono se escuchó aquella voz inconfundible que lamentablemente se nos tornaría tan “familiar”. 
–Doctor Cámpora, López Rega le habla…1
Así estaban las cosas por marzo de 1973 cuando Cámpora se aprestaba a ocupar el gobierno y Perón el poder. Estaba claro que el peronismo había dejado hacía años de ser aquel movimiento monolítico del período 1945-1955. Ahora convivían en su interior conflictivamente distintos sectores, en algunos casos de ideología opuesta, y todos ellos parecían contar con el aval de Perón. Durante los 18 años de proscripción, habían sido muchas las incorporaciones al movimiento que desde la derecha y también desde la izquierda, se habían sumado al aparato tradicional.
El 25 de mayo asumió la presidencia el doctor Cámpora, llamado cariñosamente el “el Tío”, por ser el hermano de “papá”.  En la ceremonia de asunción del mando se encontraban presentes los presidentes socialistas de Chile, Salvador Allende, y de Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado. La Juventud Peronista (JP) se adueñó del acto e impidió a los militares realizar el desfile tradicional. Mientras coreaban “se van, se van, y nunca volverán”, imaginaban en aquella tarde de mayo de 1973, bajo aquel cielo cargado de esperanzas, que aquella nefasta alianza entre el poder económico más concentrado, la jerarquía eclesiástica y el autoritarismo cívico-militar no tendría nunca más cabida en Argentina.  
Referencias:
1 Diálogo extraído del documental “Historia Argentina 1973-1976”, dirigido por Felipe Pigna, Universidad de Buenos Aires, Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, 2002.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar
 

"Agustín Tosco: El Cautiverio de un guerrero" Fuente: Revista Primera Plana, 20 de Junio de 1972 (Cárcel de Rawson).

Entrevista a Agustín Tosco

Desde el locutorio del penal de Rawson, el lunes 12, Agustín Tosco, dirigente sindical cordobés (detenido el 28 de abril del año pasado a disposición del Poder Ejecutivo), contestó este reportaje cuyo formulario le fue entregado por su abogado defensor, Hipólito Solari Yrigoyen, a pedido de Primera Plana.
¿Cómo define usted la tendencia que representa dentro del panorama gremial cordobés?
Los gremios independientes de Córdoba constituyen un importante grupo de Sindicatos, no embanderados partidariamente, pero con una clara política de unidad combativa dentro del movimiento obrero. Sostienen que el sindicalismo no es sólo un medio de reivindicación económico-social de la clase obrera, sino que debe constituir una palanca política principal, en coincidencia con los demás sectores populares, para la liberación nacional y social argentina. Dentro de ese concepto han votado y sostienen la consigna fundamental aprobada por la Regional Córdoba de la CGT de llevar adelante "la lucha antiimperialista hacia el socialismo". Adhieren a la Comisión Nacional Intersindical y definen una básica identificación con la CGT de los argentinos y los gremios peronistas combativos, de acuerdo a lo fijado por los Programas de La Falda y Huerta Grande, el Manifiesto del 1° de Mayo y el Documento de Octubre.
¿Merece una autocrítica el proceso Sitrac-Sitram? ¿Cuál sería?
Si correspondiera una autocrítica ella debería ser formulada por los respectivos gremios. Considero como centro del problema la incalificable agresión de que fueron objeto los trabajadores del Sitrac-Sitram, tanto en el campo laboral como en el institucional, al ser disueltos los sindicatos y despedidos cientos de militantes, delegados y dirigentes. Además del encarcelamiento que padecen diez de ellos y sus asesores letrados. Corresponde reclamar enérgicamente el respeto al derecho de sindicalización según lo decidan las propias bases; la reincorporación de los cesantes y la libertad de los detenidos.

¿Qué experiencia ha extraído de su cautiverio junto a Raimundo Ongaro?
Desde el 14 de mayo de 1971 hasta el 7 de enero de 1972, estuve encarcelado con el compañero Raimundo Ongaro, juntos, pero totalmente aislados de todo contacto con los demás detenidos, en el último entrepiso de una planta del Penal de Villa Devoto. Nos unió una gran solidaridad humana, y preciso es destacar la constante entereza y espíritu de lucha de Ongaro. En el aspecto político sindical, lo esencial se dio en la coincidencia de promover, alentar y trabajar por la unidad combativa de la clase obrera y los sectores populares, enfrentando a todo tipo de participacionismo y colaboracionismo con el régimen.
¿Cuál debe ser, a su juicio, la misión del sindicalismo?
En todo el país, que como el nuestro, lucha por su liberación nacional y social, el sindicalismo debe cumplir fundamentalmente la doble función que marca el proceso de la clase obrera y el pueblo. Por lo tanto le corresponde encarar la reivindicación consecuente de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de los trabajadores y simultáneamente sumar los máximos esfuerzos desde su terreno específico para que políticamente el poder sea ejercido por el Pueblo.
¿Qué opinión le merece el sindicalismo peronista combativo? 
Al definir que existen importantes coincidencias básicas entre nuestra orientación y la de los gremios peronistas combativos, destacamos una valoración positiva de la actividad y los objetivos que se traza este nucleamiento obrero en su permanente accionar por los derechos sindicales y populares.
¿Cómo ve Agustín Tosco, desde la cárcel, la convocatoria de Alejandro Lanusse a un Gran acuerdo Nacional?
Desde el mismo momento que se dio a publicidad el denominado Gran Acuerdo Nacional, lo denunciamos como un claro propósito continuista del actual régimen usurpador; como un intento mal disimulado de pretender entrampar al pueblo argentino en una supuesta salida institucional que sirviera a los objetivos de la oligarquía y del imperialismo; como un sinuoso plan para montar una gran farsa electoral para dar una imagen de un consentimiento popular, a lo que el pueblo no sólo no elige sino que rechaza terminantemente. El GAN es un aparato gigante con pies de barro. Tanto como cayeron las mentiras y ficciones de las anteriores etapas de la mal llamada Revolución Argentina ante la poderosa verdad del pueblo, así también sucederá con el GAN. Absolutamente nada de lo que surja de la mentalidad conservadora reaccionaria de los detentadores del poder puede conjugarse con la voluntad soberana de los argentinos. Tan es así, que el 31 de mayo desde San Nicolás, Alejandro Lanusse se ha visto obligado a desnudar hasta las entrañas del GAN: pactar a espaldas del pueblo y al pie de la dictadura; imponer la "acuerdocracia" y enterrar el "juego limpio" que tan siquiera se recordó; convenir, no ya sólo las características y contenido del continuismo, sino hasta... ¡su filosofía! Ni el general Agustín P. Justo había llegado a tanto en sus pretensiones. El discurso del 31 de mayo constituye así una referencia mistificadora de la historia, de las ideas políticas, de la lucha de nuestro pueblo y de sus genuinas aspiraciones. Además, con sus sofismas discursivos, Lanusse pretende fabricar realidades que no son otras que las que interesan sostener a las minorías explotadoras y a los grandes monopolios internacionales.
La verdad de nuestra historia es que el pueblo, con sus pronunciamientos, movilizaciones y luchas, determinará inexorablemente que su voluntad de Justicia Social, Soberanía Popular y Liberación Nacional sea respetada. Así sucederá, más allá de las tutorías, los grandes acuerdos o los golpes de estado, como variantes reiterativas de un sistema y un régimen en irreversible decadencia.
El Ministro Mor Roig, en declaraciones periodísticas, ha minimizado el problema de la tortura en el país. ¿Coincide usted con esa apreciación?
Bajo ningún punto de vista. Mor Roig trata de descargar su inoperancia como ministro político del régimen, desmintiendo o minimizando lo que es la dramática realidad de una constante y probada violación a los más elementales derechos humanos en la Argentina, hasta el grado de la barbarie organizada para la tortura a muchos prisioneros políticos y sociales -hombres y mujeres- de nuestro pueblo.
¿Considera usted correcta la permanencia de Mor Roig en el ministerio político a esta altura del proceso de "institucionalización"?
Nunca consideré correcta la permanencia en el gobierno de ningún funcionario de la dictadura. Lo único correcto es que todos los que ejerzan las principales funciones en el estado sean expresión de la libre y soberana voluntad de los argentinos.
¿Qué piensa usted de la coincidencia La Hora del Pueblo?
La Hora del Pueblo padece del pecado original de creer que la dictadura permitiría un ejercicio más o menos libre de la llamada democracia representativa; de allí colaboró para un desenlace en esos términos. El discurso de Lanusse del 31 de mayo ha terminado con los sueños de La Hora del Pueblo. Ahora ésta deberá probar definitivamente la consistencia de su propia identidad o su dependencia de los planes continuistas.
Se le atribuyeron simpatías hacia el Encuentro Nacional de los Argentinos. ¿Cuál es su punto de vista?
Así es. Comparto los lineamientos, la acción y los objetivos del Encuentro Nacional de los Argentinos.
¿Cómo vislumbra usted el camino hacia el socialismo nacional? 
El camino de todos los pueblos hacia el socialismo lleva intrínsecas las características nacionales de cada país.
Resultaría aventurado señalar un camino específico y esquemático. Sí hay un ancho camino por el que transitan simultáneamente todas las fuerzas que luchan en todas las escenas de la vida nacional para erradicar un sistema de opresión, injusticias y miseria y construir una nueva sociedad, más justa y más humana. La unidad de esas fuerzas será un factor de aceleración del proceso histórico, con el cumplimiento de las etapas intermedias que deben recorrerse y con el aprovechamiento de las coyunturas favorables, cualesquiera que fueren, compatibles con el objetivo fundamental trazado.
Sobre la propuesta de Perón en vistas a un Frente Cívico de Liberación Nacional hay muchas interpretaciones y distorsiones. Pero ateniéndose a lo que el propio Perón ha definido, no se trata de una estructura orgánica sino de una coincidencia de hecho que se concreta a dos niveles: uno, superestructural, con las cúspides de los partidos y organismos populares; y otro infraestructural, a nivel de bases, mediante las mesas de trabajo y la movilización de masas, ambos teniendo como objetivo revolucionario la toma del poder por parte del pueblo, ya sea a través de las elecciones (si es posible) o a través de otras vías, si el camino comicial es cerrado por el fraude y la trampa. Así definido, ¿qué opina usted del Frente Cívico?
Siempre he expuesto y sostenido con vehemencia que sólo la unidad de acción programática en los puntos fundamentales, e instrumentalmente orgánica de las fuerzas políticas populares, sin discriminaciones y sin la pérdida de la individualidad partidaria, será el factor fundamental para que el pueblo acceda al poder, se consolide en el mismo y materialice las transformaciones de contenido revolucionario que son de urgencia para nuestro tiempo.
Tengo entendido que sobre eso se trabaja y espero que sus resultados sean fructíferos. Mientras tanto, la lucha debe continuar. Trabajadores, estudiantes, profesionales, sacerdotes, campesinos, entidades económicas nacionales, hombres y mujeres de toda condición y militancia, no renunciarán a su compromiso histórico de producir los hechos determinantes de un profundo cambio en las condiciones económicas, sociales y políticas actuales, con o sin formalismos electorales.
¿No cree usted que resistirse a una opción política concreta a nivel nacional colocará a su tendencia, tarde o temprano, en el callejón sin salida de un aislacionismo estéril?
Nuestra lucha ni la opción de la unidad de las fuerzas políticas populares, tal como lo expresé precedentemente, de ninguna manera puede colocarnos en un aislamiento estéril: porque la unidad y la lucha están en la conciencia y el corazón del pueblo. ¿Qué otra cosa expresarían entonces la infinidad de movilizaciones populares masivas protagonizadas heroicamente en los últimos años? ¿Y la de tantos hombres y mujeres argentinos que por su militancia popular y revolucionaria responden con su libertad o con su sangre por esos mismos ideales comunes?
Allí estuvieron y están todos los que, sin distinciones partidarias, luchan efectivamente por la liberación del Pueblo y la Patria. Aquí, los que estamos en la cárcel, ratificamos nuestras posiciones manteniéndolas indeclinablemente, con el pleno optimismo que la causa popular y liberadora triunfará.
http://www.elhistoriador.com.ar/entrevistas/t/toscopp.php


El Cordobazo

29 de mayo de 1969 - El Cordobazo
Fuente: adaptación del libro Lo pasado pensado, de Felipe Pigna, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2005.
En mayo de 1969, durante el gobierno de Onganía, comenzó a evidenciarse una crisis con estallidos en distintos puntos del país, como Corrientes y Rosario. En Córdoba, donde existía una estrecha relación entre estudiantes y obreros, al descontento general se sumó la decisión del gobierno provincial de suprimir el “sábado inglés”, es decir, la media jornada laboral. En consecuencia, el SMATA (sindicato de los obreros de la industria automotriz) y el sindicato de Luz y Fuerza convocaron a un paro activo con movilización para el 29 de mayo. Los estudiantes adhirieron a la medida de fuerza y pronto la ciudad fue controlada por los manifestantes, quienes lograron su ocupación durante unas veinte horas. Se produjeron incendios y ataques a las principales empresas multinacionales. La represión consiguiente fue brutal y dejó como resultado veinte manifestantes muertos y cientos de detenidos, entre ellos Agustín Tosco, Atilio López y Elpidio González.
Entrevista a Agustín Tosco, una entrevista que no nos dejaron hacer
Hubiéramos querido reportear a Agustín Tosco. No nos dejaron. Los parapoliciales y paramilitares y los policías y militares del gobierno de Isabel Perón y López Rega que lo perseguían a sol y a sombra y lo obligaban a transitar en la clandestinidad no lo dejaron tratarse adecuadamente una enfermedad injustamente terminal, que se lo llevó el 5 de noviembre de 1975. Elegí aquí el estilo de reportaje histórico que hago todos los meses en Caras y Caretas, y como en ellos, las respuestas de Agustín Tosco son textuales y fueron tomadas de escritos del notable sindicalista cordobés.
Agustín Tosco fue un dirigente obrero revolucionario. Férreo opositor a la burocracia sindical. Secretario general del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba. Junto a Elpidio Torres, dirigente de SMATA, y Atilio López, de la UTA, encabezó la rebelión popular que pasaría a la historia como el Cordobazo. Tras la represión fue detenido y trasladado al penal de Rawson. Colaboró con la fuga de sus compañeros el 15 de agosto de 1972 (que terminaría en la masacre del día 22) pero se negó a salir porque planteaba que su lugar de lucha estaba allí. En 1973 se opuso al Pacto Social por considerarlo una trampa para la clase obrera. Tras la sublevación encabezada por el comisario Navarro en Córdoba, que puso fin al gobierno de Ricardo Obregón Cano y Atilio López, su gremio fue intervenido y comenzó una implacable persecución sobre él y sus compañeros. Murió el 5 de noviembre de 1975.
¿Qué querían los obreros y estudiantes, el pueblo de Córdoba?
Agustín Tosco: Exigía respeto a su soberana voluntad; exigía la normalización institucional, para que el gobierno fuera elegido por decisión de la mayoría de la población, sin persecuciones para con las ideas y doctrinas de ningún argentino. Exigía que se aumentaran los salarios en un 40%, que era lo que había crecido el costo de vida. Exigía la defensa del patrimonio nacional, absorbido cada vez más por los monopolios extranjeros. Exigía la creación de nuevas fuentes de trabajo, para eliminar la desocupación que trae miseria y desesperación en los hogares. Exigía la reincorporación de los cesantes y el levantamiento de las sanciones por haber hecho uso del derecho constitucional de huelga. Exigía una Universidad abierta a las posibilidades de los hijos de los trabajadores y consustanciada con los intereses del país.
¿Por qué cree usted que la rebelión estalló en Córdoba?
A.T.: Porque Córdoba no fue engañada por la denominada Revolución Argentina. Córdoba no vivió la “expectativa esperanzada” de otras ciudades. Córdoba jamás creyó en los planes de modernización y de transformación que prometió Onganía, ni Krieger Vasena. La toma de conciencia de Córdoba, de carácter progresivo pero elocuente, es bastante anterior al régimen de Onganía. Pero se expresa con mayor fuerza a partir de julio de 1966. La reivindicación de los derechos humanos, proceda de donde proceda, en particular de las encíclicas papales desde Juan XXIII, encuentran en nosotros una extraordinaria receptividad y así se divulgan especialmente en la juventud y en los sindicatos. Si hay receptividad es que hay comprensión, y la comprensión deriva en entusiasmo, en fe y en disposición al trabajo, al esfuerzo e incluso al sacrificio para consumar los ideales que ya tienen vigencia en el ámbito universal.
¿Cómo se gestó finalmente el Cordobazo?
A.T.: El día 26 de mayo, el movimiento obrero de Córdoba, por medio de los dos plenarios realizados, resuelve un paro general de actividades de 37 horas a partir de las 11 horas del 29 de mayo y con abandono de trabajo y concentraciones públicas de protesta. Los estudiantes adhieren en todo a las resoluciones de ambas CGT. Todo se prepara para el gran paro. La indignación es pública, notoria y elocuente en todos los estratos de la población. No hay espontaneidad. Ni improvisación. Ni grupos extraños a las resoluciones adoptadas. Los sindicatos organizan y los estudiantes también. Se fijan los lugares de concentración, cómo se realizarán las marchas. La gran concentración se llevará adelante frente al local de la CGT en la calle Vélez Sarsfield 137. Millares y millares de volantes reclamando la vigencia de los derechos conculcados inundan la ciudad en los días previos. Se suceden las asambleas de los sindicatos y de los estudiantes que apoyan el paro y la protesta.
¿Cómo fue el 29 de mayo de 1969?
A.T.: El día 29 de mayo amanece tenso. Algunos sindicatos comienzan a abandonar las fábricas antes de las 11 horas. A esa hora el gobierno dispone que el transporte abandone el casco céntrico. Los trabajadores de Luz y Fuerza de la Administración Central pretenden organizar un acto a la altura de Rioja y General Paz y son atacados con bombas de gases. Es una vez más la represión en marcha. La represión indiscriminada. La prohibición violenta del derecho de reunión, de expresión, de protesta. Mientras tanto, las columnas de los trabajadores de las fábricas de la industria automotriz van llegando a la ciudad. Son todas atacadas y se intenta dispersarlas.
¿Cuál fue la chispa final?
A.T.: El comercio cierra sus puertas y las calles se van llenando de gente. Corre la noticia de la muerte de un compañero, era Máximo Mena del Sindicato de Mecánicos. Se produce el estallido popular, la rebeldía contra tantas injusticias, contra los asesinatos, contra los atropellos. La policía retrocede. Nadie controla la situación. Es el pueblo. Son las bases sindicales y estudiantiles, que luchan enardecidas. Todos ayudan. El apoyo total de toda la población se da tanto en el centro como en los barrios.
Es la toma de conciencia de todos evidenciándose en las calles contra tantas prohibiciones que se plantearon. Nada de tutelas, ni de los usurpadores del poder, ni de los cómplices participacionistas.
¿Cuál fue el saldo del Cordobazo?
A.T.: El saldo de la batalla de Córdoba –el Cordobazo– es trágico. Decenas de muertos, cientos de heridos. Pero la dignidad y el coraje de un pueblo florecen y marcan una página en la historia argentina y latinoamericana que no se borrará jamás. En las fogatas callejeras arde el entreguismo, con la luz, el calor y la fuerza del trabajo y de la juventud, de jóvenes y viejos, de hombres y mujeres. Ese fuego que es del espíritu, de los principios, de las grandes aspiraciones populares, ya no se apagará jamás. En medio de esa lucha por la justicia, la libertad y el imperio de la voluntad soberana del pueblo, partimos esposados a bordo de un avión con las injustas condenas sobre nuestras espaldas. Años de prisión que se convierten en poco menos de siete meses, por la continuidad de esa acción que libró nuestro pueblo, especialmente Córdoba, y que nos rescata de las lejanas cárceles del sur, para que todos juntos, trabajadores, estudiantes, hombres de todas las ideologías, de todas las religiones, con nuestras diferencias lógicas, sepamos unirnos para construir una sociedad más justa, donde el hombre no sea lobo del hombre, sino su compañero y su hermano.

http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/revolucion_argentina/cordobazo.php

 

Momentos finales del gobierno de Arturo Illia, por Felipe Pigna

Momentos finales del gobierno de Arturo Illia, por Felipe Pigna
Arturo Umberto Illia, el presidente radical que gobernó el país entre 1963 y 1966, fue más reconocido por la historia que por sus contemporáneos. Éstos lo ridiculizaron caracterizándolo como una tortuga, le achacaron aceptar la proscripción del peronismo y le criticaron cierta tozudez política que lo aisló en los momentos más duros. Aquella, en cambio, lo recuerda por su honradez, por su sobriedad, por medidas audaces que llevó a la práctica durante su gobierno, como la anulación de los contratos petroleros de Frondizi, y por haber construido una isla democrática en un océano de golpes y dictaduras.
Diputado nacional durante el gobierno peronista, Illia se había convertido rápidamente en un franco opositor y líder del radicalismo cordobés. Cuando fue derrocado Perón, en 1955, tenía 55 años y ya había transitado casi todos los principales cargos partidarios, ejecutivos y legislativos. Y cuando un sector del radicalismo optó por acercarse al peronismo, se opuso férreamente. Pronto formaría parte del sector que integró la Unión Cívica Radical del Pueblo, contraria a los radicales intransigentes, encabezados por Arturo Frondizi.
En julio de 1963, con el peronismo proscripto, Illia triunfó con apenas un 25% del electorado, y se convirtió en presidente de la República. Destacado por un escrupuloso respeto a las libertades públicas, cierto reformismo social y una vocación económica nacionalista, enfrentó numerosos problemas a poco de asumir: crisis económicas, plan de luchas sindicales, conspiraciones del establishement y amenazas militares. Pero antes de cumplir los tres años de gobierno, contaba con escaso apoyo popular y político, y sería derrocado.
Un contexto político y social en creciente ebullición caracterizado por el fenomenal Plan de Lucha de la CGT, la aparición de la guerrilla guevarista en Salta, el crecimiento electoral de las fuerzas peronistas en 1965 y su posible triunfo en 1967, y el enojo de militares con una política exterior que, por caso, los subordinaba a la comandancia brasilera en la intervención de Santo Domingo, contribuyeron a crear un clima adverso para el gobierno y alimentaban las imágenes públicas que identificaban la gestión de Illia con la lentitud, la inoperancia y el anacronismo.
Parte del empresariado entendía que el presidente se apartaba de las prácticas liberales tradicionales de reducción de la inversión en rubros como salud y educación, y comenzó  a conspirar con los sectores golpistas del ejército a los que se sumaron sectores gremiales y la mayoría de la prensa. Los dirigentes sindicales peronistas, encabezados por el metalúrgico Augusto Timoteo Vandor, acosaron a Illia con paros y planes de lucha.
Los medios de prensa hicieron el resto para crear un clima de inconformidad y golpismo. Insistieron con la supuesta lentitud del presidente y propusieron su reemplazo por un caudillo militar. Con la prensa en su contra y una oposición que sólo buscaba el fracaso del gobierno, nadie se sorprendió cuando el 28 de junio de 1966, un nuevo golpe de Estado, esta vez encabezado por Juan Carlos Onganía, puso fin a su mandato.
A continuación reproducimos un fragmento del libro de Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 5, donde se relatan los momentos finales del gobierno del líder radical. El libro incluye no sólo el acta del desalojo –reproducida aquí en otra oportunidad- sino también el público arrepentimiento y pedido de disculpas del coronel Perlinger, uno de los “salteadores nocturnos” que aquella madrugada de junio expulsaron a Illia de la Casa de Gobierno. Perlinger se lamentaba diez años después del golpe: “caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar un movimiento auténticamente nacional” y se sumaba así a la triste lista de arrepentidos que con sus acciones participaron en el derrocamiento de gobiernos constitucionales, contribuyendo al debilitamiento de la democracia del país.
Fuente: Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina 5. Del derrocamiento de Perón al golpe de Onganía (1955-1966), Buenos Aires, Planeta, 2013, págs. 532-540.
Resistiré
Illia se enteraba como podía de lo que estaba pasando. Sus preocupaciones se repartían entre el desastre que se avecinaba y el dolor que le causaba saber que su mujer se estaba muriendo en una clínica de los Estados Unidos: “Llamé en seguida a Estados Unidos –recordaba -para hablar con mi hijo mayor y decirle que cuidara a su madre, que acababan de operar, y que era probable que yo tuviera que vivir momentos muy difíciles… (…) Cuando corté me quedé sosteniendo el tubo un buen rato sin hacer nada, pensando”. 1
Al rato reaccionó y convocó a los secretarios de Marina y Aeronáutica, el contraalmirante Varela y el brigadier mayor Álvarez. Les comunicó lo que ya sabían de sobra esperando alguna reacción favorable a la defensa de la democracia. Mientras Varela trataba de ganar tiempo diciéndole que había convocado una reunión de almirantes para resolver qué actitud iban a tomar, Álvarez “amablemente” le pedía que renunciara a la presidencia para evitar males mayores. Se retiraron, hicieron unas consultas y regresaron para comunicarle al presidente la “novedad” de que las tres armas habían acordado destituirlo y le exigieron que desalojase la Casa Rosada antes de las cinco de la mañana. Illia los miró con todo el desprecio que podía y les dijo que no iba a renunciar, que lo iban a tener que echar. Pistarini se apuró a declarar que las palabras del presidente, que habían tomado estado público, no tenían ningún valor.
“Quise hablar por radio y televisión, pero no pude, ya estaban tomadas las líneas de la Central Cuyo. Nos reunimos otra vez con los ministros… Acepté una sugerencia y quise trasladar todo el gobierno a otra provincia para luchar desde allí. Llamé a Córdoba, a Entre Ríos, a Santa Fe. Pero no había nada que hacer: la revolución era en todo el país. Ya eran las ocho y media de la noche. Estuvimos una hora y media más en reunión y a las diez llamé al coronel De Elía, que era jefe del regimiento de Granaderos para pedirle que viniera con tropas a la Casa de Gobierno. De Elía me contestó que era imposible porque ya estaba cercada totalmente la manzana de la Casa de Gobierno y no podría pasar. Cuando a las doce de la noche firmé un decreto destituyendo a Pistarini ya no me quedaban esperanzas de que las cosas cambiaran. Fue sólo una fórmula, casi... 2
Esperando el diluvio
Era la medianoche. Un nutrido grupo de colaboradores acompañaba al presidente. Se había decidido permanecer en la Casa hasta que llegaran los usurpadores, que a las 2.45 habían emitido uno de los clásicos comunicados que decía: “hay normalidad en todo el país. Las fuerzas armadas controlan la situación”. Ya sabemos lo que significaba la palabra “normalidad” para los golpistas de uniformes y sus socios civiles.
Seguramente fue en  esos momentos de terrible espera que su hija Emma le dijo al presidente:
“‘vos qué vas a hacer, te pegás un tiro o los matamos a estos tipos’. Me miró en silencio, no me respondió.” 3
El sonido de fondo lo producían los vehículos pesados, tanques y camiones cargados de tropas del regimiento 3 de infantería que se iban posicionando frente a la Casa Rosada y sus alrededores.
A las 4.15 otro comunicado de los golpistas señalaba que ya ocupaban todas las gobernaciones.
Un documento para no olvidar
Un grupo de jóvenes colaboradores del presidente, entre los que estaban Emilio Gibaja, Luis Pico Estrada, Edelmiro Solari Yrigoyen y Gustavo Soler, quisieron dejar registrado para la historia los momentos finales del doctor Illia en el poder y la irrupción de los sediciosos -“salteadores nocturnos” los denominaría el presidente- que iniciarían otro momento lamentable de nuestro pasado. Llamaron a este preciado documento “Acta recuerdo”:
 “Alrededor de las cinco de la mañana del 28 de junio de 1966, irrumpen en su despacho el general [Julio] Alsogaray y los coroneles Perlinger, González, Miatello, Prémoli y Corbetta.” 4
Mientras  entraban los asaltantes, el presidente le firmaba una última foto a uno de sus colaboradores. Alsogaray, acostumbrado a mandar y a que le obedecieran, insolentemente y sin saludar siquiera al Primer Mandatario le ordenó: “¡Deje eso!”, pero lo detuvieron a gritos los que acompañaban al presidente. Sin inmutarse, el presidente a punto de ser depuesto siguió en lo suyo:
Illia: Espere, estoy atendiendo a un ciudadano (dirigiéndose al colaborador) ¿Cuál es su nombre amigo?
Alsogaray: ¡Respéteme!
Colaborador: Miguel Ángel López, jefe de la Secretaría Privada del doctor Caeiro, señor Presidente.
Illia: (al terminar de firmar la fotografía) Este muchacho es mucho más que usted, es un ciudadano digno y noble, ¿Qué es lo que quiere?
Alsogaray: vengo a cumplir órdenes del Comandante en Jefe.
Illia: El comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas soy yo; mi autoridad emana de esa Constitución que nosotros hemos cumplido y que usted ha jurado cumplir. A lo sumo usted es un general sublevado que engaña a sus soldados y se aprovecha de la juventud que no quiere ni siente esto.
Alsogaray: En representación de las Fuerzas Armadas, vengo a pedirle que abandone este despacho.
Illia: Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted, además, es un usurpador que se vale de la fuerza de los cañones y de los soldados de la Constitución para desatar la fuerza contra la misma Constitución, contra la ley, contra el pueblo. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos, que, como los bandidos, aparecen de madrugada.
Alsogaray cambió entonces de tono, pero para pasar a la amenaza:
Alsogaray: Con el fin de evitar actos de violencia lo invito nuevamente a que haga abandono de la Casa.
Illia: ¿De qué violencia me habla? La violencia la acaban de desatar ustedes en la República. Ustedes provocan la violencia, yo he predicado en todo el país la paz y la concordia entre los argentinos, he asegurado la libertad y ustedes no han querido hacerse eco de mi prédica. Ustedes no tienen nada que ver con el Ejército de San Martín y de Belgrano, le han causado muchos males a la patria y se los seguirán causando con estos actos.  El país les recriminará siempre esta usurpación y hasta dudo que sus propias conciencias puedan explicar lo hecho.
Alguien de civil, que acompañaba a Alsogaray, se sulfuró: “¡Hable por usted, no por mí!”
Illia: ¿Y usted quién es señor?
Persona de civil: (soportando un gesto de reprobación del general Alsogaray  imponiéndole silencio) ¡Soy el coronel Perlinger! (no aclarará que está retirado del Ejército, ni que es pariente cercano de Alsogaray, ni que ha pedido el retiro del Ejército días antes de asumir la presidencia Illia, disconforme con la elección de este).
Illia: ¡Yo  hablo en nombre de la Patria, no estoy aquí para ocuparme de intereses personales, sino elegido por el pueblo para trabajar por él, por la grandeza del  país y la defensa de la Ley y de la Constitución Nacional! ¡Ustedes se escudan cómodamente en la fuerza de los cañones! ¡Usted, general, es un cobarde, que mano  a mano no sería capaz de ejecutar semejante atropello!
En eso Edelmiro Solari Yrigoyen y Leandro Illia, hijo del presidente, reaccionaron ante la injusticia que se estaba cometiendo, pero los contuvieron. Illia dijo entonces una frase que resultará trágicamente cierta:
Illia: Con este proceder quitan ustedes a la juventud y al futuro de la República la paz, la legalidad, el bienestar…
Alsogaray: Doctor Illia, le garantizamos su traslado a la residencia de Olivos. Su integridad física está asegurada.
Illia: ¡Mi bienestar personal no me interesa! ¡Me quedo trabajando aquí, en el lugar que me indican la Ley y mi deber! ¡Como Comandante en Jefe le ordeno que se retire!
Alsogaray: ¡Recibo órdenes de las Fuerzas Armadas!
Illia: ¡El único jefe Supremo de las Fuerzas Armadas soy yo! ¡Ustedes son insurrectos! ¡Retírense!
Los insurrectos se retiraron del despacho. Con ellos se fue el jefe de la Casa Militar, el brigadier Rodolfo Pío Otero que en todo momento actuó con ellos, y no en custodia del presidente, que es la función de ese cargo.
Recordaba Emma Illia:
“Cuando sale Alsogaray del despacho yo me planté, casi besándolo, y le grité traidor, hijo de puta te maldigo a vos y a toda tu estirpe, van a caer todos ustedes… (…) me acuerdo que cerró las manos, juntó los puños”. 5
Los golpistas bloquearon entonces el despacho presidencial, sin dejar entrar a nadie. Finalmente, a las 6 de la mañana, irrumpió un grupo de militares, encabezados por Perlinger. Según el “Acta Recuerdo”:
Perlinger: ¡Doctor Illia, en nombre de las Fuerzas Armadas vengo a decirle que ha sido destituido! (Volvemos a insistir: Perlinger como militar retirado no podía asumir investidura alguna, ni siquiera la de una compañía de boy scouts).
Illia: ¡Ya le he dicho que ustedes no representan a las Fuerzas Armadas! ¡A lo sumo constituyen una fracción levantada contra la Ley y la Constitución!
Perlinger: Me rectifico…en nombre de las tropas que poseo.
Illia: ¡Traiga esas fuerzas!
Perlinger: ¡No lleguemos a eso!
Illia: ¡Son ustedes los que llegan a usar la fuerza, no yo!
Y entonces llegó el desenlace:
Se retira Perlinger con sus acompañantes. El presidente de la Nación, Dr. Arturo Illia, sus colaboradores y amigos permanecen en su despacho. Siendo las 7.25 horas, otra vez irrumpen en el salón varias personas y efectivos de la Guardia de Infantería de la Policía Federal, con armas en la mano, ubicándose en formación frente a la mesa de trabajo del señor Presidente. A un costado de la tropa se coloca la persona de civil que se autoidentifica como el coronel Perlinger. Se produce el siguiente diálogo: 
Perlinger: Señor Illia, su integridad física está plenamente asegurada, pero no puedo decir lo mismo de las personas que aquí se encuentran. Usted puede quedarse, los demás serán desalojados por la fuerza…
Illia: Yo sé que su conciencia le va a reprochar lo que está haciendo (Dirigiéndose a la tropa policial). A muchos de ustedes les dará vergüenza cumplir las órdenes que les imparten estos indignos, que ni siquiera son sus jefes. Algún día tendrán que contar a sus hijos estos momentos. Sentirán vergüenza. Ahora, como en la otra tiranía, cuando nos venían a buscar a nuestras casas también de madrugada, se da el mismo argumento de entonces para cometer aquellos atropellos: ¡cumplimos órdenes!
Perlinger: Usaremos la fuerza.
Illia: Es lo único que tienen.
Perlinger: (Dando órdenes) ¡Dos oficiales a custodiar al Dr. Illia! ¡Los demás avancen y desalojen el salón!
(La tropa avanzó mientras los oficiales trataron de acercarse al doctor Illia, lo que fue impedido por sus acompañantes, produciéndose forcejeos. El presidente, rodeado por sus colaboradores y amigos, va  avanzando hacia la puerta principal del despacho, mientras los efectivos policiales ocupan el salón mediante el empleo de la violencia.)
“Los policías –recordaba Illia- se pusieron en línea con los fusiles lanzagases en las manos. A todo esto se habían hecho ya las siete y cuarto más o menos. Yo pensé que no era bueno exponer a todos los demás. Cuando esos dos oficiales de policía vinieron hacia mí, por orden de Perlinger, les dije que no era necesario; me levanté y comencé a caminar hacia la puerta... Había un griterío bárbaro. No sé qué decían (…) A los policías que entraron en mi despacho les dije antes de salir que lamentaba mucho que obedecieran sin saber a quién lo hacían, me daban lástima. Pude llegar a la puerta de salida de la Casa de Gobierno rodeado por un montón de gente que seguía gritando… Me ofrecieron un coche de la presidencia, pero lo rechacé. (…) En eso vi que se acercaba entre la gente el que había sido mi ministro de Educación, Alconada Aramburú, y me decía que vaya con él. Yo lo seguí y nos metimos en el coche de él. Adentro íbamos siete personas. Me acuerdo que mi hermano Ricardo iba sentado en las rodillas del subsecretario Vesco... Así llegamos hasta Martínez, hasta la casa de Ricardo”.
Dieciséis años después de estos hechos y en el marco de la crisis general provocada por la derrota de Malvinas, el coronel Luis César  Perlinger le pedirá disculpas públicamente a Arturo Illia a través de esta carta pública. En ella, tras historiar algunos antecedentes, decía:
En una ‘presentación fechada en julio de 1976, que repartí profusamente y de la cual me ocupé de enviarle un ejemplar yo escribía: Hace 10 años el Ejército me ordenó que procediera a desalojar el despacho presidencial. Entonces el Dr. Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: «Sus hijos se lo van a reprochar». ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar un movimiento auténticamente nacional para terminar viendo en el manejo de la economía a un Krieger Vasena.
Ud. me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo.
El público reconocimiento que en 1976 hice de mi error, si bien no puede reparar el daño causado, da a usted, uno de los grandes demócratas de nuestro país, la satisfacción que su último acto de gobierno fue transformar en auténtico demócrata a quien lo estaba expulsando por la fuerza de las armas, de su cargo constitucional.
Hace unos días en General Roca, Ernesto Sábato dijo a la prensa: ¿Sabe qué tendrían que hacer los militares después de este desastre final que estamos presenciando? Ir en procesión hasta la casa del Dr. Illia para pedirle perdón por lo que hicieron.
El mensaje de Sábato  me ha llevado a escribirle estas líneas que pretenden condensar:
- Mi pedido de perdón por la acción realizada en 1966.
- Mi agradecimiento por la lección que Ud. me dio.
- Mi admiración a Ud., en quien reconozco a uno de los demócratas más auténticos y uno de los hombres de principios más firmes de nuestro país.

Quiero aclarar que de Ud. hacia mí sólo espero su perdón y que de mí hacia Ud. le deseo todo el bien que el destino le pueda deparar.
Saludo a Ud. con toda consideración y respeto.
Cnel. Luis C. Perlinger 6
Referencias:
1 “Habla Illia a un año del golpe”, Gente, julio de 1967.
2 Ídem.
3 Entrevista a Emma Illia, en Miguel Ángel Taroncher, Revista Todo es Historia, Nº 467, “La conjura de los necios. Los que derrocaron a Illia”, págs. 6-22.
4 “Acta Recuerdo”, citada por Gregorio Selser, El Onganiato, Buenos Aires, Hyspamperica, 1986, págs. 69-75, de donde están tomadas las restantes citas de esta sección.
5 Miguel Ángel Taroncher La conjura de los necios. Los que derrocaron a Illia”, Revista Todo es Historia, Nº 467, junio de 2006
6 Illia, Ricardo, Arturo Illia, Buenos Aires, Corregidor, 2003, págs. 247-248.            
Fuente: www.elhistoriador.com.ar